domingo, 8 de septiembre de 2013

El Octavo día de Thornton Wilder



Se narra la historia fantástica de un hombre condenado injustamente a muerte por matar a su amigo y jefe. La liberación de éste sin saber como ni por qué el mismo día que iba a ser ejecutado. Se habla de la familia Ashley y la familia Lansing, miembro por miembro, de sus tribulaciones, se describen sus rasgos psicológicos magistralmente. Se habla de la esperanza, la fe, el nuevo hombre que nace cuando muere el antecesor, al octavo día y se hace con unos trucos narrativos personales y bellos y originales. Es ameno, trepidante, edificante, muy edificante.

"No hay siglos de oro ni años oscuros. Solo una oceánica monotonía de generaciones de hombres bajo la alternantemente propicia o pésima climatología"

Este libro es como un tapiz de una pared de una habitación en una casa de un poblado formado por diferentes personas, razas y religiones. Se va construyendo escena a escena porque es imposible admirar el tapiz entero.

"Mucho se ha comentado sobre el diseño de este tapiz. Hay quien asegura verlo. Hay quien ve lo que le es ordenado ver. Hay quien recuerda que una vez lo vió pero nunca más volvió a lograrlo. Hay quien se ve fortalecido al ver un patrón en el que los oprimidos y los explotados de la tierra emergen gradualmente de su esclavitud. Hay quien encuentra consuelo en la convicción de que no hay nada que ver. Hay quien"
Así termina esta historia. Este libro impresionante. Uno de los mejores que he leído nunca. Le pregunté a una librera me puedes conseguir las obras de Thornton Wilder? Sonrió y me dijo: Has leído el octavo día, no? Siiii. No tiene otra obra igual, no malgastes en eso y por cierto, tienes muy complicado lo de elegir lectura después de este libro. Todo te va a saber menor.

Pero sí que he encontrado alimento para eso que todavía queda vivo ahí dentro. En otro post, cuando termine.


miércoles, 1 de mayo de 2013

Hacer el amor





Tan importantes como los principios de un libro, pueden ser los finales.

Hacer el amor de Jean-Philippe Toussaint, habla de una pareja que está terminando. Van a Tokio por motivos de trabajo de ella, de Marie, pero van a romper, a hacer el amor por última vez.

Se contempla Tokio de noche, con todas sus luces y neones, edificios y callejuelas, sus gentes, sus seísmos, su lluvia, la nieve, su cielo gris.

Se contempla e imagina a la pareja. Escenas desgarradoras. Marie llora casi todo el tiempo. Él se agarra a su frasco de ácido clorhídrico.

Era una buena idea viajar juntos, si era para romper? En cierto modo, sí, ya que aunque la proximidad nos desgarraba, el alejamiento nos hubiera acercado.

Era mi calor y no la sutileza de mi dialéctica lo que ella necesitaba, a ella le daban exactamente igual mis palabras y mis reflexiones, lo que ella quería era un arrebato del corazón, el impulso de mis manos y de mi lengua, de mis brazos alrededor de sus hombros, mi cuerpo contra su cuerpo. Es que yo no había comprendido eso? Y sin embargo, sólo dios sabe cuántas ganas tenía de besarla en aquellos momentos – y mucho más en ese instante, en que nos separábamos para siempre, que la primera vez que la besé……….

El terremoto en el puente al amanecer, mientras nevaba, donde las luces seguían destellando igual que en la noche, luces diurnas, ahora.

Y el final de la primera parte, allí en el puente:

Amanecía en Tokio y yo le hundía a Marie un dedo en el culo.

 

Desapareció  enfermo, con su frasco en el bolsillo. Fue a Kioto unos días, para alejarse y finalmente volver a Tokio, al museo de arte contemporáneo donde se exhibían los vestidos de Marie, cuando ya estaba cerrado.

Y el final de la segunda y última parte. El final del libro:

Me paré contra un árbol y contuve la respiración. No osé moverme. Cerca de mi, en la sombra, frágil y minúscula, había una pequeña flor solitaria. La observé, la luna la iluminaba débilmente y hacía brillar sus pétalos blancos y malvas con reflejos pálidos y delicados. No sabía que tipo de flor era (una flor silvestre, una violeta, un pensamiento) y, sin dar un solo paso más, hastiado, roto, exhausto, para acabar de una vez, vacié el frasco de ácido clorhídrico sobre ella, y se contrajo de golpe,  retorciéndose en mitad de una nube de humo y un hedor espantoso. No quedó nada: tan sólo un cráter que humeaba bajo la débil luz del claro de luna, y el sentimiento de haber originado ese desastre infinitesimal.

Un Libro pequeño, bello y delicioso.

jueves, 18 de abril de 2013

Un poema de matar a Platón.

Se hizo de noche al mediodía.
No pude respirar.
Tanto metal entre la carne,
aquel sabor a cieno
y sobre todo
... el corazón oblicuo, sí, eso es,
el corazón oblicuo.
Como las tejas de un tejado,
resbalando.
El viento arriba
(había viento, sí, un viento suave).

Pero ya terminó. Una sombra
no hace la noche entera.
Volvamos cada uno a lo que nos distingue:
esa historia concreta, personal
que nos mantiene a salvo -mientras tanto.

Una sombra no hace la noche entera
-¿o sí la hace?

Chantal Maillard


Lo que te debo. Ya nada nos une. He de irme.
Una piedra dura y fría con forma de ojo de animal me mira.
Se hizo de noche al mediodía.
La noche se llevó el calor del sol
y dejó el frío del metal incrustrado en la carne
Al final, un atropello.
Tendremos que seguir con nuestras cosas
Quién sabe que será del atropellado?
Volvamos a ser otro y
sigamos con nuestras tareas.
¿o no podemos?

Sylvia
 

martes, 16 de abril de 2013

Momentos confusos


Antes

Tenía fuerza, me creía la más poderosa. Por encima de los demás. Demasiada autoestima y demasiado creer que podía con todo y que siempre iba a poder. Tenía el as bajo la manga de terminar con todo cuando ya no pudiera más. Ya había vivido bastante y me dedicaba a cuidar de lo que más quiero y mientras tanto, soportar toda clase de momentos, penas, alegrías, y lecturas, que era y es una actividad que me hace desarrollarme y me hace soñar y encontrar caminos.

El tiempo de las metas y los debes habían pasado. Mi único debe era mi amor y responsabilidad y mi único haber era mi afición y fuerza. Estaba por encima de tristezas y de alegrías, sabía que iban a ir pasando y yo las iba a torear de una forma u otra. Miedo nunca he tenido. O muy poco.

Guardo un cajón lleno de pastillas, ahorradora suicida.

Pero sucedió la explosión que nunca se produjo de una manera física e incapacitante como hasta ahora. Y ahí estamos. Intentando que pase el tiempo, poniendo todo de mi parte, viendo a días como las fuerzas me abandonan, agarrándome a pequeñas alegrías como la paz y el descubrimiento de que no sufro. Si no sufres avanzas medio paso para seguir con el resto, si sufres te metes bajo el edredón. Esa es la ley universal. Paz. Por eso mucha gente medita, se agarra a dioses, a la droga, a beber. Buscando paz. Absolutamente algo que le impida en ese justo momento no sufrir. Y yo que sabía torear esos momentos, quizá por ello, todo explotó, era supermán y dejé de serlo.

Ahora

Mientras pasa el tiempo confuso y nuevo, sin saber si alguna vez reuniré fuerzas, sin saber si podré construir mi casa para guarecerme, va pasando abril y empiezo a cansarme de tonterías que no llevan a ningún lado. Aún no sé si quiero realidad o ficción. Pero me debo a la realidad por cierto tiempo. Y dentro de la ficción busco gustos sencillos, leer, escribir, jugar al gammon, pasear al calorcito del sol y olvidarme de mundos viciados, encerrados en si mismos, como ese mundo que atrapa de la noche, de los garitos de póker, en límites, en cuerdas en las que pasearte y caerte, para herida, volver a subir, hasta que la próxima caída te invalide y todo para qué?

Sigo siendo auténtica y sigo detestando los escondites, prefiero, de lejos, la soledad que es invisible a los demás. Ahí es imposible engañar, ni que me engañen. Porque si me engaño a mi misma, no lo hago premeditadamente y siempre termino descubriéndome.

De momento, no quiero amantes ficticios. A ellos puedo recurrir si un día me levanto primaveral, sin problemas. Quiero otra clase de aportes, ahora mismo. Cuáles? Jaja y yo que sé. Me estoy construyendo otra vez. Hasta que llegue el momento de abrir el cajón. Eso es vivir, seguir luchando hasta el descanso final.
Y eso siempre lo he visto así. Aunque en algún momento, alguien me nublara la visión y yo misma pensara que los hijos serían algo mágico y redentor.

jueves, 11 de abril de 2013

XIII. LAS ESTADÍSTICAS ASEGURAN QUE FUE EL PEOR INVIERNO DE LOS ÚLTIMOS 150 AÑOS.

La mañana todavía negra
y desconfiada como una viuda.
Lo que me abraza se parece a la pureza.

Frente a mi hay un espejo que no miro.
¿Ni siquiera una sonrisa de despedida?
No, con mi sonrisa
concedo pactos,
prometo paz,
miento.

Hasta aquí. Hasta hoy.

Becas, premios, terapias de electroshock,
distinciones de todo tipo, yo
dedicándole alfas a un muerto desde los 8 años, yo
recolectando la miel de un homenaje, yo
luchando contra la sinusitis en mi cuarto de Smith y
escribiendo relatos por 100 dólares,
pero ¿qué horizonte no tiembla si lo miras fijamente?

Si esto es la traducción de una traducción
que alguien revise el sentido de mis actos:

Cómo sigo los pasos de Yeats por las habitaciones, cómo enredo mi bufanda al cuello cuándo sólo la muerte puede abrigarme, cómo preparo pan con mantequilla y cojo dos tazones y vierto leche en ellos por si mis cachorros tienen hambre antes de que llegue la canguro, cómo cabalgo a Ariel y ordeno los últimos poemas que dicen que escribí antes de convertirme en una sombra más, en otro pedazo de frío.

11 de Febrero de 1.963. Seis de la mañana.
¿Lo tienes?
                 Bien: añade azul al negro.

Lo que hacen los demás con el dolor y lo que hago yo con el dolor. Ésa podría ser una manera de clasificarlo todo.

David Aceituno. Extraído del libro de Sylvia y Ted.

jueves, 4 de abril de 2013

I see a darkness

Son cosas que no se dicen, de las que no se hablan. Cada cual tiene sus motivos para hacer lo que hace. Algunos hasta los tienen claros. Y yo me canso de mis motivos. Soy cambiante y rápida hasta lo imprevisible. Me ves bien? Mírame.
Porque ya me he marchado.




Tanto rodeo, y sin saber nada.
Ya estoy allá.

lunes, 18 de marzo de 2013

Los espejos muestran la realidad que no quieres ver
Y no lo muestran todo
me miro, sorbiendo mi taza de té frío
pero la inexpresividad de mi rostro
que adquirí a base de ....
a base de qué he hecho, qué me han hecho?
no delata temperaturas ni sabores ni
el enigma de buscarme y casi no hallarme
no hallar

Busco la soledad, a pesar de estar sola
Que desesperación!
Y el espejo muestra
una cara ajada por falta de agua
la falta de alegría y deseo

Pero eso es porque está en el baño y el vestidor
Debería poner espejos para objetos
sería más adecuado.

domingo, 27 de enero de 2013

Leer a Wallace

Como cuando lees, por ejemplo animalitos inexpresivos.
Primero te quedas con la historia de Julie y los encierros con su hermano y la regla y esas infinitas construcciones de todo un mundo de líneas. Después se añadió la enciclopedia canadiense rara.
Te acuerdas del principio donde aparecen dos niños abandonados tocando un poste de madera y con una vaca pastando.
También te quedas con Faye y su madre, y su vida torcida para siempre por una serie de catastróficas desdichas, que empezaron por el contacto de su pelo rojo, en la oscuridad de un cine, con un extraño con O.
Avanzas en eso. Lo demás es secundario. Lo lees en superficie.
Lo siguiente que te llama la atención, es lo poético de la relación entre las dos, Julie Y Faye. A la orilla de la playa al amanacer, en el apartamento de Faye con sus paredes de cristal.
Aunque eso es antes….. tiras hacia atrás y vuelves a leer. Y sigues.
La relación tiene tres fases: anécdotas y gustos, contar en lo que creemos, y, relacionar lo que cree el otro con la realidad.
Llega el momento de las preguntas. Por qué me hice lesbiana? Qué respuesta doy si me preguntan?
Leo con fricción los ejemplos de errores en relaciones heterosexuales , defectos de hombres (en mi caso con fricción enfermiza). Por todo eso, por algo de eso, PUM! Se cae en el lesbianismo. Y al final leo aquellas verdaderas historias, declaraciones de hechos con peso, para caer en el lesbianismo y con ese punto de duda, error, equivocación, o argumento de Julie cuando cambia el lugar de un hecho de una declaración.
Pero….
Te das cuenta que es imposible sacar eso de contexto, que todos y cada uno tienen su papel principal y vuelves atrás. A leer más despacio.
Observas que el relato tiene como varios capítulos que no son el 1, el 2 el tres…tampoco títulos, subtítulos, sólo unas líneas formando ángulos de diversos grados, pero obtusos no rectos, nunca rectos, y desviados, pueden terminar después de casi una recta o angulo muy muy abierto en otro ángulo a continuación que igual se queda arriba o abajo.
Y piensas, ahora estoy en cómo mezcla hechos y personajes en cada capítulo, en la historia personal de éste y el otro y en lo que dice y en cómo actúa.
El relato va sobre un concurso de televisión, el trasfondo, los protagonistas, pero te quedas pensando en lo que dice cualquier protagonista y dices… tendrá que ver con…? Y vuelves atrás, a leer …por qué dicen en la 2ª página aquello sobre esto? Y te dices, luego volveré a ver que tiene que ver la fórmula del ángulo con lo escrito a continuación.
Así es como, más o menos leo a Foster Wallace, es una obsesión, una obsesión agradable, aguda, que atrapa, inteligente. Puedes absorber mil visiones y darles mil vueltas. Parece un palabrerío sin fin y cada palabra está cuidadosamente puesta en su sitio, como si todo estuviera imaginado en una escena de la mente que abarcara un paisaje de kilómetros en varios años consecutivos con todo lo que allí hay.
Sólo estoy hablando de un relato. Cuando leí la broma infinita  me pasaba algo muy parecido, deseché intentar explicar a la gente que me preguntaba mi opinión porque sencillamente me era imposible. Es un libro de más de 1200 páginas que mezcla personajes e historias en un tiempo indefinido con nombres de años según eras,  en donde una frase podía alargarse en varios párrafos, y donde poco a poco se iba desvelando a pequeños trazos , ese trasfondo psicológico de las situaciones y sus personajes. Estaba obsesionada pero no supe explicar, por qué.
Dice Wallace que escribir ficción era lo único que le hacía olvidarse de su vida, insoportable para él. Que empezaba a escribir por la mañana y se encontraba, a menudo, de noche y sin haber comido nada en todo el día. Esa ficción de genio que no todos pueden saborear ni entender.
Como alguien dice: Wallace siempre consigue que lo increíble parezca comprensible, lo raro, normal; lo absurdo, hilarante y lo familiar, extraño.
Otros, los menos, dicen: palabrería….

Animalitos inexpresivos

Cuéntales que tenías 8 años. Tu hermano tenía cinco y no sabía hablar. Diles que tu madre tenía una cara agotada e inexpresiva. Que había ido volviéndose cada vez más fea, primero por culpa de los hombres y luego de ella misma. Que su cara permanecía inexpresiva, enamorada de un hombre silencioso e impávido que os dejó tirados tocando un trozo de madera al lado de una carretera. Diles que tu madre os abandonó en un campo de hierba seca. Diles que el campo, el cielo y la carretera eran del color de una colada sucia. Diles que te pasaste todo el día tocando un poste, que allí estaban tu mano y la mano blanca de un niño tarado. Que esperabas que regresara porque hasta ahora lo había hecho siempre.
Diles que había una vaca. Estaba en el campo, junto al sitio donde tú estabas tocando la cerca. Diles que la vaca estuvo allí todo el día, masticando algo que se había tragado hacía mucho rato y mirándote. Diles que la cara de la vaca no tenía ninguna expresión. Que se pasó el día entero allí, mirandoos con una cara enorme que carecía completamente de expresión. Que casi te entraron ganas de gritar. El viento sonaba como alguien gritando. Y tú allí de pie, tocano la madera todo el día con una criatura que era la encarnación del silencio. Que podía, ya sabes, quedarse ahí indefinidamente, esperando al único coche que conocía y sin sentir la necesidad de comprender nada. Y una vaca te estaba mirando ahí delante, igual que podría estar mirando cualquier otra cosa.
Diles que todavía hoy no puedes soportar a los animales, porque las caras de los animales no tienen ninguna expresión. Ni siquiera un asomo de expresión. Diles que alguna vez miren la cara de un animal, que la miren de verdad.
Y luego diles que miren de cerca la cara de los hombres. Diles que se detengan un instante y miren la cara de un hombre. La cara de un hombre está totalmente vacía. Mírala de cerca. Diles que miren ellos también. No lo que hacen las caras, porque las caras de los hombres nunca dejan de moverse, son como antenas. Pero lo único que hacen sus caras es moverse e ir adoptando diferentes configuraciones del vacío.
Diles que en las máscaras de los hombres no hay agujeros para meter los dedos. Diles que es imposible querer algo que no se puede coger con los dedos.

Una vez me preguntaste cómo entendía los poemas. Te acuerdas? Te acuerdas del mar?De nuestro mar al amanecer, de cómo nos gustaba? Nos gustaba porque era como nosotras. Aquel océano era obvio. Todo el tiempo estábamos buscando algo obvio. El mar sólo es el mar cuando se mueve. Las olas son lo que distingue al mar de un charco muy grande. El mar no es nada más que sus olas. Y todas las olas del mar terminan chocando con lo que ellas mismas empujan y rompiendo. Todo lo que estábamos mirando durante todo el tiempo que estuviste haciendo preguntas era obvio. Era obvio y era un poema porque éramos nosotras. Mira esa clase de cosas. Tu propia cara cuando adopta una expresión. Una ola que rompe sobre una roca y pierde su forma en un gesto que expresa esa forma. Lo ves?.

Animalitos inexpresivos.
David Foster Wallace.


jueves, 10 de enero de 2013

Buscando en la realidad

Cómo podría encontrar a esa persona , amiga, amante, compañera, alma gemela?  Porque le he tenido que decir a la soledad, que casi lo era, que no quiero exclusividades. Ni darlas, ni recibirlas.
Podría hacer un juego de las 10 ó 20 similitudes entre Moby Dick y el corazón de las tinieblas. Esa persona que encontrara las mismas que yo, podría ser candidata excepcional.
Una persona de mi edad y estatus social no puede ir por la vida real, actuando de ese modo. Sería rechazada y desterrada y denostada por ese ente “la sociedad” y por los transeúntes en general, incluso por mis propios amigos.
Pues mira, para eso funciona bien la red. A ver quien hace la locura o la tontería más grande, aquí todo es normal, casi casi en el estadio de esos parias norteamericanos, que nos parecen tan raros y extraños a todos.
Y si unos buscan sexo y otros comida y otros amor, yo busco sentirme comprendida, que no compartida.
También puedo intentarlo en la vida real. Encontrar a esa persona tan diferente a mi, pero a la que admiro por… como se come los merengues sin mancharse o como hace ese triple salto mortal sin red o porque con una mirada ya me está descubriendo la solución a esa desolación del alma que es ser invisible o incomprendida. Y no me refiero al físico, que se me ve venir, con todas esas pamelas de color rojo que porto.
Entre estas y otras, van pasando los días, compartiendo a veces con mis especiales seres queridos, con la chusma del curro (se salvan dos, no mas, desde mi punto de vista), con mi churri, la soledad, que se cree que no la quiero y muero por ella, haciendo el tonto y gastando los minutos que no son igual, según la edad que tienes( ahora estoy hablando de pasión y devenires). Y siempre viene algo inesperado que derrumba teorías  que, como dice mi hijo, “me retrastoca la cabeza y me quedo que no sé ni quien soy”. Entonces escapo, porque no puedo discutir sobre la maldad de la obsesión y la maldad del corazón y porque ese ser al que admiro no va a poder entenderme.
Escapo poco a poco, dejo una huella, un suspiro y un hasta luego vuelvo pronto.

Vive la vida real, me dicen.
Y la vivo.