Cuéntales que tenías 8 años. Tu hermano tenía cinco y no sabía hablar. Diles que tu madre tenía una cara agotada e inexpresiva. Que había ido volviéndose cada vez más fea, primero por culpa de los hombres y luego de ella misma. Que su cara permanecía inexpresiva, enamorada de un hombre silencioso e impávido que os dejó tirados tocando un trozo de madera al lado de una carretera. Diles que tu madre os abandonó en un campo de hierba seca. Diles que el campo, el cielo y la carretera eran del color de una colada sucia. Diles que te pasaste todo el día tocando un poste, que allí estaban tu mano y la mano blanca de un niño tarado. Que esperabas que regresara porque hasta ahora lo había hecho siempre.
Diles que había una vaca. Estaba en el campo, junto al sitio donde tú estabas tocando la cerca. Diles que la vaca estuvo allí todo el día, masticando algo que se había tragado hacía mucho rato y mirándote. Diles que la cara de la vaca no tenía ninguna expresión. Que se pasó el día entero allí, mirandoos con una cara enorme que carecía completamente de expresión. Que casi te entraron ganas de gritar. El viento sonaba como alguien gritando. Y tú allí de pie, tocano la madera todo el día con una criatura que era la encarnación del silencio. Que podía, ya sabes, quedarse ahí indefinidamente, esperando al único coche que conocía y sin sentir la necesidad de comprender nada. Y una vaca te estaba mirando ahí delante, igual que podría estar mirando cualquier otra cosa.
Diles que todavía hoy no puedes soportar a los animales, porque las caras de los animales no tienen ninguna expresión. Ni siquiera un asomo de expresión. Diles que alguna vez miren la cara de un animal, que la miren de verdad.
Y luego diles que miren de cerca la cara de los hombres. Diles que se detengan un instante y miren la cara de un hombre. La cara de un hombre está totalmente vacía. Mírala de cerca. Diles que miren ellos también. No lo que hacen las caras, porque las caras de los hombres nunca dejan de moverse, son como antenas. Pero lo único que hacen sus caras es moverse e ir adoptando diferentes configuraciones del vacío.
Diles que en las máscaras de los hombres no hay agujeros para meter los dedos. Diles que es imposible querer algo que no se puede coger con los dedos.
Una vez me preguntaste cómo entendía los poemas. Te acuerdas? Te acuerdas del mar?De nuestro mar al amanecer, de cómo nos gustaba? Nos gustaba porque era como nosotras. Aquel océano era obvio. Todo el tiempo estábamos buscando algo obvio. El mar sólo es el mar cuando se mueve. Las olas son lo que distingue al mar de un charco muy grande. El mar no es nada más que sus olas. Y todas las olas del mar terminan chocando con lo que ellas mismas empujan y rompiendo. Todo lo que estábamos mirando durante todo el tiempo que estuviste haciendo preguntas era obvio. Era obvio y era un poema porque éramos nosotras. Mira esa clase de cosas. Tu propia cara cuando adopta una expresión. Una ola que rompe sobre una roca y pierde su forma en un gesto que expresa esa forma. Lo ves?.
Animalitos inexpresivos.
David Foster Wallace.
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