martes, 6 de diciembre de 2011

Fin de semana

No me gusta la lluvia, es molesta y me produce frío dificil de quitar, sólo me gusta la lluvia en Jávea, allí hasta te la juegas cuando llueve. Me acerqué hasta mi mar favorito y se levantaban unas olas que parecían moderadas pero rugían rugían. Ten cuidado, me decía quien bien conoce el mar, te acercas mucho. Quería que la ola jugara conmigo y si podía me salpicara, 100 años me hubiera quedado allí, y al final nos fuimos porque aquel que conoce el mar se mojó cuando quiso venir a quitarme. Y es que a mi ,me quiere ese mar, o no, porque no me cubrió con su fuerza.
Vale pues vamos a ver la historia de la química a través de los sellos, en la casa del cable. Hace unos cien años del premio nobel para Marie Curie y eso hay que celebrarlo. Y entonces mi cabeza se llenó de teorías, desde Demócrito, Paracelso, hasta bohr. Ahora es esto y luego lo otro,para más adelante crear monstruos y seguir con milagros, ese otro mundo paralelo que amable y dulce compresor te entretiene en luz electrica de no sabes donde.
De repente estoy en una terraza acristalada donde se ven los rizos del mar, si fuera otra época no se verían, porque no habría sitio para las vistas y porque la oscuridad de una noche sin  mucha luna ganaría al faro de aquella alta montaña. Aqui , por supuesto devoro el pescado que en ningún sitio me sabe tan bien. Y luego por un día, me convierto en el alma de la conversación, cómo me dejan hablar tanto? si hablo otras lenguas...

Y al día siguiente me vuelvo a admirar del poder de algo que no sé como percibo. Es una borrachera, un baile, me restriego lavanda por el cuello, huelo el espejo que abrasa con tanta luz ese tono azul cambiante, toco con los dedos la lluvia brillante, a pleno sol que cae de las montañas, saboreo el peligro de pasar por un mínimo terreno que da a un precipicio que da al mar, noto la emocion del baile de las abejas por sus zumbidos y cojo un fósil de caracol metido en piedra para sorprenderme de que todo es tan extraño y maravilloso a la vez, o el poder de la naturaleza. Y al bajar a esa cala a la que solo llegas en barco o bajando por montaña escarpada me quito los zapatos de montaña y me como un bocadillo de atún con los pies en el agua, mientras un caracol en la roca agradece mi visita.
No entiendo el poder de la naturaleza, pero me supera. No entiendo como siento tan mío ese trozo de tierra y mar que es Javea y sus alrededores. Fuertes anhelos que me harán terminar allí, dentro de no mucho