jueves, 2 de junio de 2011

Hi-Lo 2ª parte

Lydia siempre ha tenido presente el refinamiento y sensibilidad con que Hi le descubrió sendas que jamás soñó que podría tomar. Pero no hacía falta decirlo, el gusto y la atracción era mutuo, con lo que no habían debes y haber en la cuenta.
Al principio Lydia lo acompañaba a sus tareas ilegales todas, por las mañanas enrrollar cable en las monedas más chicas para que fueran más grandes y sacar premios de tragaperras. Por las tardes ella se tomaba un vino,mientras él hacía sus negocios con sustancias. Le bastaba con mirarlo. Le preguntaba cosas, Lydia siempre fue curiosa. Pero él nunca le preguntó nada. A Hi le bastaba con que ella estuviera ahí cada día y cada noche y nunca tuvo un mal gesto ni una mala palabra, pese a que ella seguía sin quitarse los pendientes, tampoco tuvieron una canción, ni una película, ni siquiera un libro. Se alquilaron un pisucho junto con un par de amigos y pese a verse a diario, la comunicación seguía sin aparecer. A él no le debía hacer falta, ella empezaba a echarla de menos, puesto que leía mucho a lovecraft. Y fue así como Lydia encontró la rutina y no le cayó simpática.
Un día Lydia sin dar explicaciones, puesto que nadie las pedía, se fue con unos chicos de ojos pintados que cantaban Radio futura y tenían cosas que hacían la pupila chiquitita, y sin embargo eran adorables.
Se dió cuenta que llevaba sin ver a Hi al tercer día de no verlo, cuando lo vió apostado en una esquina, triste como un perro herido, con ojos llorosos pero firmes a no derramar una gota, entonces le echó de menos, hubiera dado cualquier cosa por llevárselo de allí y abrazarlo y contarle todo lo que nunca le había contado. Lydia se acercó tímidamente mientras se soltaba del chico de los ojos pintados y le dijo te echo de menos. El contestó y qué quieres hacer el amor? Se trataba de eso? Era eso lo que habían estado haciendo? Creo que si. Ella contestó No. No quiero hacer el amor. Entonces? Nada, no quiero nada.
Sin apenas comunicación, Lydia comprendió que se necesitaba algo más que "hacer el amor" para que un chico con ojos verdes que se parecía a Lou Reed fuera parte de su mundo. Aquello fue un descubrimiento casi tan triste como saber que nada somos y que todos morimos, aquello fue descubrir que muy pocas cosas son posibles. En fin, esa noche volvió a su antigua casa sola sin chico de ojos pintados y echando de menos, ya para siempre a Hi-Lo. Y con la imagen clavada en su cerebro para el resto de sus días de ese chico apoyado en su esquina que olía tan bien, solo, vendiendo no se qué, casi llorando y diciendo pero qué coño quieres? Y es que Lydia no se preguntaba nunca qué coño quería, actuaba por impulsos.