...... podían , por lo tanto, intentar vivir; pero lo cierto es que no les quedaban muchas ganas. Él sentía compasión por ella, por las inmensas reservas de amor que sentía estremecerse en ella, y que la vida había desperdiciado; sentía compasión, y quizá era el único sentimiento humano que todavía podía experimentar. En cuanto al resto, una reserva glacial había invadido su cuerpo; realmente ya no podía amar.
.....vivieron momentos felices, semejantes a los anuncios de perfume. También vivieron esas medio peleas de domingo por la tarde, esos momentos de silencio en los que el cuerpo se encoge entre las sábanas, esas zonas de silencio y aburrimiento en las que se deshace la vida. Tanto el uno como el otro sabían que estaban viviendo su última relación humana de verdad, y ésta sensación hacía que cada uno de sus minutos fuera, en cierto modo, desgarrador. Sentían el uno por el otro un gran respeto y una inmensa piedad. No obstante algunos días, atrapados por una magia imprevista, tenían momentos de aire fresco, de sol tonificante; pero lo más normal es que sintieran que una sombra gris se extendía en ambos, sobre la tierra que los sostenía, y en todas las cosas veían el final.
Las partículas elementales Michel Houellebecq