sábado, 5 de noviembre de 2011

El ju ju ju ju ju ju juego

Una de las cosas que más me gustan aparte de tomar tés mezclados y comer chocolate con mazapán, así a pelo, es jugar. Desde niña he tenido esas ansias de juego, cuando mis hermanos me quitaban de un empujón de sus trenes y scalextrics, cuando no me pasaban ni una pelota en los partidos de fútbol organizados con la pandi masculina, cuando no quedaban raquetas e intentaba dar con la mano. Odiaba jugar a las muñecas, odiaba ese tipo de juegos de simulación. Quería participar y probarme, no me importaba ganar o perder sólo jugar, a mi manera, con otros.
De joven jugué a todo tipo de juegos, inocentes y no tanto. Gané en unos cuantos y perdí en la mayoría. Hubo derrotas muy crueles que me motivaban a seguir jugando, esgrimiendo: más no puede doler, esta vez ganaré porque no tengo miedo y la victoria, la victoria será el éxtasis del que todos estamos hambrientos. Aquí, ya quería ganar, pese a que me veía con fuerzas para perder.
Después vinieron largos años donde nadie jugaba, la gente fruncía el ceño y obraba como debía de ser, a lo más que podías aspirar era a una sonrisa y un “lo has hecho bien” o la ignorancia y el silencio. Las personas en la edad adulta y sus variopintos problemas, actúan así, no juegan más que al póker, de vez en cuando.
Al escapar de ese círculo donde el escrutinio es norma general, y ya con cierta edad, la verdad es que me sigue gustando el juego. Muchos tipos de juegos. Hasta los más sencillos.
Los juegos donde sé con quien estoy compitiendo y con los que me siento como en las nubes cómodas de edredón y en los que no me importa perder y en los que parezco una niña jugando al parchís, si te descuidas te como todas las fichas, me cuento 20 y te gano y tú aún no empiezas, esa victoria tranquila y dulce.
Los juegos que quizá no se me dan bien o me aburren, en los que juego porque no puedo evitar jugar, y me da exactamente igual lo que pase….
Y esos juegos peligrosos, que quiero ya olvidar y a los que juego porque no hay otro remedio que cruzar la calle, más de una vez tengo mis motivaciones personales, como pueden ser sobrevivir o terminar jugando al parchís con esos jugadores (las blancas y esponjosas nubes de algodón)
Cuando me voy perdiendo en la posición del juego o cuando parece que no es un juego, o no sé el camino de la casilla final, me imagino un partido de tenis. Trato de vigilar que no sea la pelota. Soy jugadora desde siempre. Y me gusta jugar. Ni dado, ni ficha ni pelota, yo quiero jugar. Aunque me equivoque si lo hago contra Becker o McEnroe y aunque prefiera jugar al parchís .
Creo que eso está más que claro, no soy la pelota con la que jugar. Depende del juego ganaré o perderé, pero siempre, siempre, jugaré y no lamentaré mi suerte