Escribo para ver qué escribiría si escribiese (M. Duras), también para exorcizar demonios y demás elementos intoxicantes, para recordar, para desahogarme, para contar.....
Siempre me hechizó su encanto, la figura frágil, elegante , cool, y desastre total para con ella misma. Hablaba igual con alta alcurnia que con lo más bajo, derrochaba tanta energía que pudo con ella. De chica rica adorada a chica acabada con serios trastornos. Un día todos la querían, al final nadie lo hacía. Pobre niña rica! Vivió poco pero intenso. Yo quería ser Eddie Sedwick, llevaba leotardos negros y grandes pendientes, raya negra en los ojos y mirada inocente, y la elegancia de gestos, sólo me faltaban esos hoyuelos. Esa época en que sueñas ser alguien, yo manoseaba su libro y sus fotos una y otra vez. Acabamos siendo la mezcla de muchas lecturas y sueños y trozos vividos, mucha parte de mi se inspiró en ella.
Me entraron deseos irreprimibles de leer poesía, fuí a la estantería de libros de poesía, y con los ojos cerrados, a tientas cogí un libro cualquiera. William Carlos Williams antología bilingüe.
Abril es el mes más triste
´
Allí estaban
acoplados
perro y perra
copulando al compás
Entonces
cuando él alcanzó el estertor
y se separaron
ah cómo retozaba
ella junto a él
juguetona
y danzarina
y qué desconsolado
se retrajo él
sombrío
mientras ella le seguía
por entre la maleza
Y qué es lo mejor o peor? La alegría fugaz de la perra? La segura inmersión en la tristeza del día después, cuando , quizá , no quede nada? O.. La alegría fugaz del perro cuando calma el ansia? Si antes del día después ya es presa de una infinita tristeza, al ser incapaz de no tener nada más El acto
Ahí estaban las rosas, bajo la lluvia.
No las cortes, supliqué.
No durarán mucho, dijo ella.
Pero están tan hermosas
dónde están.
Bah, todos fuimos hermosos una vez,
dijo,
y las cortó y me las puso
en la mano.
La fuerza del recuerdo es tan reconfortante y a la vez etéreo y bello, aunque es dificil elegir el recuerdo que más nos gusta o conviene. El de las rosas bajo la lluvia o el de las rosas ya cortadas y apenas sin vida, desde ese momento. Quiero recordar las rosas bajo la lluvia sin sentir la lluvia y que no ciegue mi recuerdo el olor y el tacto del comienzo de la decadencia
Tal vez porque soy realista me paso el día fuera de la realidad o soñando despierta. He adquirido una destreza impresionante para poner los pies en el suelo en un segundo, lo mínimo imprescindible para lo más importante y para subsistir. Que ya me lo decía un amigo cuando le dije que sonaba el teléfono: pero en la realidad o en tu nube?. La fea y rutinaria y desprovista de todo encanto, la realidad , me tiene harta. Y me voy corriendo detrás como abducida por ovni cuando alguien hiperinteligente me habla en su lenguaje, cuando me sorprenden, cuando juegan fuerte y tu crees poder con el adictivo juego, cuando intentan follarme con la mente que es lo más poderoso que existe. Chulita yo que creo que en un salto me paso al otro lado, pero hay tanto ruido que al final se despertará Lydia. De hecho ayer se despertó, la he visto otra vez dormida con "una temporada en el infierno" caido y abierto a sus pies. A Lydia le importa un comino la realidad y los sueños, de personalidad adictiva y fuerte a su pesar se mueve por impulsos, es incapaz de analizar con el pensamiento, analiza con hechos y...como algo no lo impida, con tanto ruido se despertará.
No desperteís al dragón. Y no me refiero a TU dragón. Me da igual quien haya cerrado la puerta ni qué puerta es, debe permanecer así un tiempo, hasta que Lydia duerma más profundamente o hasta que tenga el valor de volver a jugar o el valor de reconocer que la hiperinteligencia adictiva no contiene nada de inteligencia emocional que tanta falta hace, sobre todo a los demás.
"Antes, si mal no recuerdo, mi vida era un festín donde se abrían todos los corazones, donde todos los vinos corrían. Una noche, me senté a la Belleza en las rodillas. - Y la hallé amarga. - Y la insulté.
Me armé contra la justicia.
Me escapé. ¡Oh bujas, oh miseria, oh odio! ¡A vosotros se confió mi tesoro!
Logré que se desvaneciera en mi espíritu toda la esperanza humana. Contra toda alegría, para estrangularla, di el salto sin ruido del animal feroz.
Llamé a los verdugos para, mientras perecía, morder las culatas de sus fusiles. Llamé a las plagas para ahogarme en la arena, la sangre. La desgracia fue mi dios. Me tendí en el lodo. Me sequé al aire del crimen. Y le hice muy malas pasadas a la locura.
Y la primavera me trajo la horrorosa risa del idiota. Habiendo estado hace muy poco a punto de soltar el último ¡cuac!, se me ocurrió buscar la clave del festín antiguo, donde había tal vez de recobrar el apetito.
La caridad es la clave. - ¡Esta inspiración demuestra que soñé!
"Seguirás siendo hiena, etc.", exclama el demonio que me coronó de tan amables adormideras. "Gana la muerte con todos tus apetitos, y tu egoísmo y todos los pecados capitales." ¡Ah! Ya aguanté demasiado - Pero, querido Satán, te lo suplico, ¡menos irritación en la pupila! Y mientras llegan las pequeñas cobardías rezagadas, tú que aprecias en el escritor la carencia de facultades descriptivas o instructivas, te arranco unos cuantos asquerosos pliegos de mi cuaderno de condenado Una temporada en el infierno (Arthur Rimbaud) Cuántas veces he leído este inicio!!! Unas dos mil
Un visillo roto un golpe en la pared
toda la tristeza que este día puede contener
entre todo o nada, no elegimos nada
y ahora la apatía ha ganado sobre la batalla
se acuesta a mi lado y una mirada breve
juro que no haré ni un esfuerzo más
y sin embargo se mueve
Hacer el idiota por no enloquecer
luego hacerse el loco por no cometer otra idiotez
hoy miré en el metro las caras de la gente
y todas me decían que esta vez no iba a ser diferente
un árbol muy viejo que poco a poco muere
una cara blanca tras el cristal
y sin embargo se mueve
No aceptando nada lo he soportado todo
es difícil avanzar cuando tus pies están hechos de plomo
esta noche en casa no habrá nada que decir
sólo una preguna ¿Pero qué quieres qué quieres de mi?
si el que algo recibe siempre algo debe
nuestra deuda ya se puede cancelar
y sin embargo se mueve
Hay algo en sus labios me mira y no se atreve
yo no puedo hacer ni un esfuerzo más
y sin embargo se mueve
Una de las cosas que más me gustan aparte de tomar tés mezclados y comer chocolate con mazapán, así a pelo, es jugar. Desde niña he tenido esas ansias de juego, cuando mis hermanos me quitaban de un empujón de sus trenes y scalextrics, cuando no me pasaban ni una pelota en los partidos de fútbol organizados con la pandi masculina, cuando no quedaban raquetas e intentaba dar con la mano. Odiaba jugar a las muñecas, odiaba ese tipo de juegos de simulación. Quería participar y probarme, no me importaba ganar o perder sólo jugar, a mi manera, con otros.
De joven jugué a todo tipo de juegos, inocentes y no tanto. Gané en unos cuantos y perdí en la mayoría. Hubo derrotas muy crueles que me motivaban a seguir jugando, esgrimiendo: más no puede doler, esta vez ganaré porque no tengo miedo y la victoria, la victoria será el éxtasis del que todos estamos hambrientos. Aquí, ya quería ganar, pese a que me veía con fuerzas para perder.
Después vinieron largos años donde nadie jugaba, la gente fruncía el ceño y obraba como debía de ser, a lo más que podías aspirar era a una sonrisa y un “lo has hecho bien” o la ignorancia y el silencio. Las personas en la edad adulta y sus variopintos problemas, actúan así, no juegan más que al póker, de vez en cuando.
Al escapar de ese círculo donde el escrutinio es norma general, y ya con cierta edad, la verdad es que me sigue gustando el juego. Muchos tipos de juegos. Hasta los más sencillos.
Los juegos donde sé con quien estoy compitiendo y con los que me siento como en las nubes cómodas de edredón y en los que no me importa perder y en los que parezco una niña jugando al parchís, si te descuidas te como todas las fichas, me cuento 20 y te gano y tú aún no empiezas, esa victoria tranquila y dulce.
Los juegos que quizá no se me dan bien o me aburren, en los que juego porque no puedo evitar jugar, y me da exactamente igual lo que pase….
Y esos juegos peligrosos, que quiero ya olvidar y a los que juego porque no hay otro remedio que cruzar la calle, más de una vez tengo mis motivaciones personales, como pueden ser sobrevivir o terminar jugando al parchís con esos jugadores (las blancas y esponjosas nubes de algodón)
Cuando me voy perdiendo en la posición del juego o cuando parece que no es un juego, o no sé el camino de la casilla final, me imagino un partido de tenis. Trato de vigilar que no sea la pelota. Soy jugadora desde siempre. Y me gusta jugar. Ni dado, ni ficha ni pelota, yo quiero jugar. Aunque me equivoque si lo hago contra Becker o McEnroe y aunque prefiera jugar al parchís .
Creo que eso está más que claro, no soy la pelota con la que jugar. Depende del juego ganaré o perderé, pero siempre, siempre, jugaré y no lamentaré mi suerte