jueves, 18 de abril de 2013

Un poema de matar a Platón.

Se hizo de noche al mediodía.
No pude respirar.
Tanto metal entre la carne,
aquel sabor a cieno
y sobre todo
... el corazón oblicuo, sí, eso es,
el corazón oblicuo.
Como las tejas de un tejado,
resbalando.
El viento arriba
(había viento, sí, un viento suave).

Pero ya terminó. Una sombra
no hace la noche entera.
Volvamos cada uno a lo que nos distingue:
esa historia concreta, personal
que nos mantiene a salvo -mientras tanto.

Una sombra no hace la noche entera
-¿o sí la hace?

Chantal Maillard


Lo que te debo. Ya nada nos une. He de irme.
Una piedra dura y fría con forma de ojo de animal me mira.
Se hizo de noche al mediodía.
La noche se llevó el calor del sol
y dejó el frío del metal incrustrado en la carne
Al final, un atropello.
Tendremos que seguir con nuestras cosas
Quién sabe que será del atropellado?
Volvamos a ser otro y
sigamos con nuestras tareas.
¿o no podemos?

Sylvia
 

martes, 16 de abril de 2013

Momentos confusos


Antes

Tenía fuerza, me creía la más poderosa. Por encima de los demás. Demasiada autoestima y demasiado creer que podía con todo y que siempre iba a poder. Tenía el as bajo la manga de terminar con todo cuando ya no pudiera más. Ya había vivido bastante y me dedicaba a cuidar de lo que más quiero y mientras tanto, soportar toda clase de momentos, penas, alegrías, y lecturas, que era y es una actividad que me hace desarrollarme y me hace soñar y encontrar caminos.

El tiempo de las metas y los debes habían pasado. Mi único debe era mi amor y responsabilidad y mi único haber era mi afición y fuerza. Estaba por encima de tristezas y de alegrías, sabía que iban a ir pasando y yo las iba a torear de una forma u otra. Miedo nunca he tenido. O muy poco.

Guardo un cajón lleno de pastillas, ahorradora suicida.

Pero sucedió la explosión que nunca se produjo de una manera física e incapacitante como hasta ahora. Y ahí estamos. Intentando que pase el tiempo, poniendo todo de mi parte, viendo a días como las fuerzas me abandonan, agarrándome a pequeñas alegrías como la paz y el descubrimiento de que no sufro. Si no sufres avanzas medio paso para seguir con el resto, si sufres te metes bajo el edredón. Esa es la ley universal. Paz. Por eso mucha gente medita, se agarra a dioses, a la droga, a beber. Buscando paz. Absolutamente algo que le impida en ese justo momento no sufrir. Y yo que sabía torear esos momentos, quizá por ello, todo explotó, era supermán y dejé de serlo.

Ahora

Mientras pasa el tiempo confuso y nuevo, sin saber si alguna vez reuniré fuerzas, sin saber si podré construir mi casa para guarecerme, va pasando abril y empiezo a cansarme de tonterías que no llevan a ningún lado. Aún no sé si quiero realidad o ficción. Pero me debo a la realidad por cierto tiempo. Y dentro de la ficción busco gustos sencillos, leer, escribir, jugar al gammon, pasear al calorcito del sol y olvidarme de mundos viciados, encerrados en si mismos, como ese mundo que atrapa de la noche, de los garitos de póker, en límites, en cuerdas en las que pasearte y caerte, para herida, volver a subir, hasta que la próxima caída te invalide y todo para qué?

Sigo siendo auténtica y sigo detestando los escondites, prefiero, de lejos, la soledad que es invisible a los demás. Ahí es imposible engañar, ni que me engañen. Porque si me engaño a mi misma, no lo hago premeditadamente y siempre termino descubriéndome.

De momento, no quiero amantes ficticios. A ellos puedo recurrir si un día me levanto primaveral, sin problemas. Quiero otra clase de aportes, ahora mismo. Cuáles? Jaja y yo que sé. Me estoy construyendo otra vez. Hasta que llegue el momento de abrir el cajón. Eso es vivir, seguir luchando hasta el descanso final.
Y eso siempre lo he visto así. Aunque en algún momento, alguien me nublara la visión y yo misma pensara que los hijos serían algo mágico y redentor.

jueves, 11 de abril de 2013

XIII. LAS ESTADÍSTICAS ASEGURAN QUE FUE EL PEOR INVIERNO DE LOS ÚLTIMOS 150 AÑOS.

La mañana todavía negra
y desconfiada como una viuda.
Lo que me abraza se parece a la pureza.

Frente a mi hay un espejo que no miro.
¿Ni siquiera una sonrisa de despedida?
No, con mi sonrisa
concedo pactos,
prometo paz,
miento.

Hasta aquí. Hasta hoy.

Becas, premios, terapias de electroshock,
distinciones de todo tipo, yo
dedicándole alfas a un muerto desde los 8 años, yo
recolectando la miel de un homenaje, yo
luchando contra la sinusitis en mi cuarto de Smith y
escribiendo relatos por 100 dólares,
pero ¿qué horizonte no tiembla si lo miras fijamente?

Si esto es la traducción de una traducción
que alguien revise el sentido de mis actos:

Cómo sigo los pasos de Yeats por las habitaciones, cómo enredo mi bufanda al cuello cuándo sólo la muerte puede abrigarme, cómo preparo pan con mantequilla y cojo dos tazones y vierto leche en ellos por si mis cachorros tienen hambre antes de que llegue la canguro, cómo cabalgo a Ariel y ordeno los últimos poemas que dicen que escribí antes de convertirme en una sombra más, en otro pedazo de frío.

11 de Febrero de 1.963. Seis de la mañana.
¿Lo tienes?
                 Bien: añade azul al negro.

Lo que hacen los demás con el dolor y lo que hago yo con el dolor. Ésa podría ser una manera de clasificarlo todo.

David Aceituno. Extraído del libro de Sylvia y Ted.

jueves, 4 de abril de 2013

I see a darkness

Son cosas que no se dicen, de las que no se hablan. Cada cual tiene sus motivos para hacer lo que hace. Algunos hasta los tienen claros. Y yo me canso de mis motivos. Soy cambiante y rápida hasta lo imprevisible. Me ves bien? Mírame.
Porque ya me he marchado.




Tanto rodeo, y sin saber nada.
Ya estoy allá.