martes, 16 de abril de 2013

Momentos confusos


Antes

Tenía fuerza, me creía la más poderosa. Por encima de los demás. Demasiada autoestima y demasiado creer que podía con todo y que siempre iba a poder. Tenía el as bajo la manga de terminar con todo cuando ya no pudiera más. Ya había vivido bastante y me dedicaba a cuidar de lo que más quiero y mientras tanto, soportar toda clase de momentos, penas, alegrías, y lecturas, que era y es una actividad que me hace desarrollarme y me hace soñar y encontrar caminos.

El tiempo de las metas y los debes habían pasado. Mi único debe era mi amor y responsabilidad y mi único haber era mi afición y fuerza. Estaba por encima de tristezas y de alegrías, sabía que iban a ir pasando y yo las iba a torear de una forma u otra. Miedo nunca he tenido. O muy poco.

Guardo un cajón lleno de pastillas, ahorradora suicida.

Pero sucedió la explosión que nunca se produjo de una manera física e incapacitante como hasta ahora. Y ahí estamos. Intentando que pase el tiempo, poniendo todo de mi parte, viendo a días como las fuerzas me abandonan, agarrándome a pequeñas alegrías como la paz y el descubrimiento de que no sufro. Si no sufres avanzas medio paso para seguir con el resto, si sufres te metes bajo el edredón. Esa es la ley universal. Paz. Por eso mucha gente medita, se agarra a dioses, a la droga, a beber. Buscando paz. Absolutamente algo que le impida en ese justo momento no sufrir. Y yo que sabía torear esos momentos, quizá por ello, todo explotó, era supermán y dejé de serlo.

Ahora

Mientras pasa el tiempo confuso y nuevo, sin saber si alguna vez reuniré fuerzas, sin saber si podré construir mi casa para guarecerme, va pasando abril y empiezo a cansarme de tonterías que no llevan a ningún lado. Aún no sé si quiero realidad o ficción. Pero me debo a la realidad por cierto tiempo. Y dentro de la ficción busco gustos sencillos, leer, escribir, jugar al gammon, pasear al calorcito del sol y olvidarme de mundos viciados, encerrados en si mismos, como ese mundo que atrapa de la noche, de los garitos de póker, en límites, en cuerdas en las que pasearte y caerte, para herida, volver a subir, hasta que la próxima caída te invalide y todo para qué?

Sigo siendo auténtica y sigo detestando los escondites, prefiero, de lejos, la soledad que es invisible a los demás. Ahí es imposible engañar, ni que me engañen. Porque si me engaño a mi misma, no lo hago premeditadamente y siempre termino descubriéndome.

De momento, no quiero amantes ficticios. A ellos puedo recurrir si un día me levanto primaveral, sin problemas. Quiero otra clase de aportes, ahora mismo. Cuáles? Jaja y yo que sé. Me estoy construyendo otra vez. Hasta que llegue el momento de abrir el cajón. Eso es vivir, seguir luchando hasta el descanso final.
Y eso siempre lo he visto así. Aunque en algún momento, alguien me nublara la visión y yo misma pensara que los hijos serían algo mágico y redentor.

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