jueves, 29 de noviembre de 2012

Descubriendo lo que no seré mañana

No necesito carta de despedida porque ya me despedí muchas veces y siempre era por lo mismo.
Fue culpa mía no ver su piel sin temperatura, fue culpa suya mostrar calor en alguna ocasión. Pero fue más culpa mía no saber ver la nada carente de todo, la nada más absoluta, habiendo tantas cosas por ver.
Ya pasó.
También va pasando el tiempo imparable, con las estaciones, algunas perezosas y otras que simulan plumas de pájaros blancos. No me gustan los pájaros muertos. Pero el mundo tiene mil corazones y mil mentes y mil manos y mil piedras.
Yo descubro mas piedras, más corazones y más extravíos, pero descubro, porque moriré de veras el día en que esté ciega.
Un corazón me dijo ayer, no sólo has de mirar, has de enseñarte. Todos tenemos algo que poder enseñar y luego me alabó y no me creyó si quise mentirle, porque ese corazón me vió.
Otro corazón medio muerto, asfixiado por su mente brillante, dejó escritas unas palabras, unas palabras que revolotean en mi mente desde hace bastantes días.
“Tú eres tu propia enfermedad…. Te das cuenta….cuando miras en el agujero negro y éste lleva tu cara. Cuando la Enfermedad simplemente te devora por completo, o más bien, cuando simplemente te devoras a ti mismo. Cuando te matas. Todo ese conflicto acerca de las personas que se suicidan cuando están <<gravemente deprimidas>>, cuando decimos, ¡Dios mío, tenemos que hacer algo para que dejen de matarse!, todo eso está equivocado. Porque ¿saben?, todas esas personas ya se habían suicidado en lo que de verdad importa……cuando se suicidan, tan sólo están siendo disciplinadas”

Por qué no puede ser una opción el arte? Por qué no, la rama donde agarrarte?
Mientras transcurre el tiempo tranquilo y salen corazones algún instante.
Y mientras todo es blanco.
Menos esa mancha de allí, que ennegrece la belleza o le da otra dimensión.