Al no tener ninguna gana de hablar de mis cosas y por haberme quedado afónica, copio un fragmento, uno cualquiera de ellos de uno de mis libros de cabecera, por bien escritos y por el espíritu que desprende, El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad.
"Ustedes no lo comprenden. ¿Cómo iban a entenderlo con un suelo firme bajo los pies y rodeados de amables vecinos dispuestos a abrazarlos y aplaudirlos, adelantándose con delicadeza entre el carnicero y el policía e imbuidos de un temor reverencial hacia los escándalos, la horca, los manicomios...? ¿Cómo podrían ustedes imaginar las regiones primigenias a las que pueden llevar a un hombre sus pasos cuando los mueve la soledad, la soledad más completa, sin un solo policía; o el silencio, un silencio absoluto, donde no se oye la voz amiga de un amable vecino hablando suavemente sobre la opinión pública? Son cosillas que suponen una enorme diferencia. Cuando desaparecen, tiene uno que echar mano de sus propias fuerzas innatas, de su capacidad de ser fiel a sí mismo. Por supuesto, es posible que se sea demasiado estúpido hasta para malograrse, demasiado tonto incluso para darse cuenta de que las fuerzas de las tinieblas le están asaltando a uno. De eso estoy seguro, ningún necio le vendió jamás su alma al diablo: el necio es demasiado necio o el demonio demasiado demonio, no sé cual de las dos cosas. También es posible que sea uno una criatura tan elevada como para ser ciego y sordo ante todo lo que no sean visiones y sonidos celestiales. En tal caso, la tierra no es más que un lugar de paso, y si con eso se gana o se pierde, no seré yo quien lo diga. Pero la mayoría de nosotros no somos ni una cosa ni la otra. Para nosotros la tierra es un lugar donde vivir, en el que tenemos que acostumbrarnos a soportar sonidos, imágenes y !olores por dios!, respirar hipopótamo muerto, por así decirlo, y no contaminarnos. Es ahí -¿es que no se dan cuenta?- donde entran en juego tus fuerzas innatas, la fe en tu habilidad para excavar discretos agujeros en los que enterrar todo eso, tu capacidad de dedicarte con tesón, no a ti mismo, sino a una oscura y fatigosa tarea. Sólo eso ya es bastante difícil.
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