Partiendo de la premisa: si vives no piensas.
Llegó un momento de apostar fuerte sin pensar, al estar nostálgica después de más de diez años de matrimonio, con un único milagro inolvidable.
La estupidez humana retrasa el conocimiento de que nunca nada puede volver a ser lo mismo, aunque no se desconozca y se compruebe mil veces.
Creía estar preparada para retomar lo anterior a ese matrimonio y borrar como si nunca hubiera existido, esos casi aciagos años (salvo el milagro).
Esa noche te busqué y esperé. Cuando todo terminaba yo seguía esperando, junto a la puerta, esperando tu entrada.
Deseaba esas divagaciones que tan bien se nos daban y complementaban. Y esos silencios nada incómodos como asimilando lo escuchado y lo que sugería. Fundíamos ideas contrarias y nos deseábamos.
Eso quería y por eso esperaba junto a la puerta, sin pensar por un instante que nada nunca sucede igual por 2ª vez.
Pero llegaste, la alegría inicial fue explosiva, por parte de ambos. Nos prometimos citas quincenales y metías la mano debajo de mis bragas acariciando mi cicatriz maternal.
Fueron bastantes sábados de crear sentidos nuestros a las escenas de películas, a las frases de cualquier escritor, a la marea interna general.
Pero los mundos habían discurrido de otra forma, durante 10 años, ya no éramos aquellos jóvenes emocionados e idealistas. Seguías viviendo sin plantearte nada, pero yo adivinaba una mueca amarga que te empeñabas en negar. Y yo quería empezar a vivir después de haber estado muerta, a costa de lo que sea, si había que idealizar y soñar, lo que fuera. Y nos chupábamos la sangre, pero no era sangre limpia. La de ninguno de los dos. No era sangre inocente. Ambos necesitábamos urgentemente transfusiones de sangre nueva, cada uno de su factor. Tu buscabas lo que yo quería dejar, en el fondo.
Y así fue como ambos nos dimos cuenta de que aquello no podía ser posible. Él se dio cuenta antes, yo estaba desesperada por volver a vivir, él por vivir de otra manera. Y me lo dijo a su manera. Y no lo acepté. Y lo odié. Y sentí que volvían a matar en tan poco tiempo, todas esas fuertes ganas de vivir, esas ilusiones. Me enfadé, le dije, no pienso ser como tu quieres, esa persona con emociones y sensibilidad, pondré distancia entre yo y todas las cosas. Estaré muerta y sola y lo asumiré y tú serás el culpable de que en tan poco tiempo haya muerto para siempre, con las ganas que tenía de vivir.
Y él me sentó en un banco en la calle, más de las tres de la madrugada y me dijo. Debes ser como eres porque eres una de las personas más especiales que conozco. Pero yo busco lo contrario que tú. Busco una cierta estabilidad, un aburrimiento, que todos estos mis pensamientos no me ahoguen. Y me besó. Fue un beso de despedida, los conozco muy bien. Soy experta en darlos.
No me volví a recuperar desde entonces hace ahora aproximadamente 4 años. Me acostumbré a querer mi soledad, a no querer construir historias imposibles, a no valorar a los hombres que no entienden y a los que no entiendo.
Dani cambió su vida por completo 2 años después, y me acogió entonces como una de sus mejores amigas, porque sabe que aunque tarde siempre acabo entendiendo y que siempre lo quise, ahora de otra manera y él siempre me quiso porque somos los hombres y personas buenas que tenemos magia saliéndonos por todas las mangas y bolsillos.
Y te ví, gracias a Dani te vi.
Tu te sientes ganado por la vida, yo juego a su juego (el de la vida) y no voy a forzarte. Me conformo con verte poco a poco, esperando sin prisa que me inyectes sangre cuando primero yo te la inyecte a ti. Porque contigo es la 1ª vez, porque eres frágil y fuerte, y porque tu personalidad me arrolla y eso es difícil.
Estoy en el fondo viviendo, por eso no escribo, por eso quizá hoy te vuelva a ver y conozcas a mi único milagro. Por eso no pienso, porque todo sale solo.
Y ésta canción me la mandó Dani hace muy pocos días y tanto me gustó…..
http://www.youtube.com/watch?v=uHdNCHomHlU&feature=results_video&playnext=1&list=PL035C2BA5BBF617A4
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