En un instante pasaremos por el umbral del mundo a una región….llamadla como queráis: negación del lenguaje, desierto, muerte. O quizá más simple: el silencio del amor.
Vladimir Nabokov
Después de muerta, seguía caminando entre los vivos, pero a diferencia de ellos podía verlos como detrás de una lente de cámara o a través de una película. Los observaba y disfrutaba de sus ocurrencias y compartía, de vez en cuando, algún placer terrenal.
Veo como construyen sus vidas, como las destruyen, como no saben el camino de cruce. Y como creen que pueden tocar el cielo, siendo que sus raíces vivas están bien sujetas bajo tierra. Algunos sueñan y lo cuentan. Algunos se desdoblan en varias personalidades. Intentan cubrir de perlas lo humano que no es más que ser un animal con educación.
Pero en general, no puedo llorar, y no sólo eso, sino que además tengo piedad, recuerdo lo que es estar viva. Hay quien me divierte, quien me saca una sonrisa cuando me llama tonta, quien hace que la noche sea negra si me llama monstruo. Quien cree que puede ganarme la partida, a mi, una persona sin vida. Hay miles de problemas de toda índole que son juegos de parchís para mi. Y luego estás tú, que crees poder mirarme con esa sonrisa, y salir indemne.
Si vuelves a sonreírme así y a revelar ese corazón puro, puedes quebrar todas las leyes de la naturaleza y hacerme, otra vez, una muerta en vida. En vez de una muerta. Y ya se sabe que un vivo puede morir o matar.
De mi depende que vuelvan a salir lágrimas. Y de ti.
¿Cómo se le ocurre a nadie, nombrarme a Cioran, en una tarde de domingo?
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