Parte tercera del libro de Monelle.
…Nosotros, mentimos a todo el que viene con nosotros, para que sea feliz.
Nuestros juguetes eran mentiras y ahora las cosas son nuestros juguetes.
Quienes quieren conocer la verdad se apartan y nos abandonan.
…no tenemos fe en las verdades del mundo, pues ellas conducen a la tristeza.
Y nosotros queremos la alegría para nuestros pequeños.
Ahora las personas mayores podrán venir con nosotros y les mostraremos la ignorancia y la ilusión.
No existen semblanzas en este mundo, no hay recuerdos para nosotros.
Todo cambia sin cesar y nos hemos acostumbrado al cambio.
Es por eso que cada noche encendemos un fuego en un lugar distinto;
Y cuando la llama ya se ha apagado otra mentira nos posee y nos hace felices sorprendernos con ella.
Y por la mañana ya no recordamos los rostros de los otros: quizá algunos han deseado conocer la verdad y otros sólo se acuerdan de la mentira de la víspera.
…aquellos que nos siguen se vuelven dichosos.
Cuando estábamos en la ciudad se nos obligaba a realizar el trabajo y a amar a las mismas personas, y el trabajo nos cansaba, y nos entristecía ver sufrir y morir a las personas que amábamos.
Nuestro error fue detenernos de esa manera en la vida y, quedándonos quietos, mirar pasar las cosas, o intentar detener la vida y construir una morada eterna entre las ruinas flotantes.
Pero las lamparitas mentirosas nos iluminaron en el camino a la felicidad.
Los hombres buscan su alegría en el recuerdo, y resisten a la existencia y se enorgullecen de la verdad del mundo, que ya no es verdadera al convertirse en verdad.
Les da miedo la muerte, que no es más que la imagen de su ciencia y de sus leyes inmutables: les entristece haber elegido mal en el porvenir que ellos han imaginado de acuerdo a sus deseos pasados.
Para nosotros todo deseo es nuevo y no deseamos nada más que el momento de la mentira. Todos los recuerdos son ciertos y renunciamos al conocimiento de la verdad.
Vemos el trabajo como algo funesto porque detiene nuestra vida y la hace semejante a si misma.
Y toda costumbre es perniciosa pues nos impide ofrecernos enteramente a nuevas mentiras.
Tales fueron las palabras de aquella que nos guiaba:
Y yo supliqué a Lobita que volviera conmigo a casa de sus padres pero pude ver en sus ojos que ya no me recordaba.
….Todas las noches encendían una hoguera y todas las noches , a medianoche, las llamas se apagaban y sólo quedaban cenizas frías.
Entonces Lobita recordó, prefiriendo amar y sufrir, y con su vestido blanco vino hacia mi.
En parte dedicado a quien preguntaba por la teoría poética de la mentira.
Antes pensaba: has de saber estar.
Quien no tiene dos caras para andar e ir sobreviviendo?
Ahora pienso en que el quid de la cuestión está en tenerlas al mismo tiempo.
-La cara razonable, sociable, eficiente e hipócrita para la sociedad.
-La cara soñadora, unicamente para ti mismo.
El secreto está en la unión de las dos caras.
La mentira no tiene por qué ser mala si hace feliz. Dime , como estoy? Guapísima. Ves? que poco cuesta?
No se deben tener cosas si no sabes deshacerte de ellas en cualquier momento, YA! Olvidarse de sufrir.
Como decía ayer,destruír para poder construir, cada día
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