miércoles, 22 de junio de 2011

Dani

La primera vez que lo vió aporreaba su guitarra como si estuviera boxeando. Era ajeno a todo el público que bailaba y saltaba, un paso atrás cada término de rifff. El pelo le tapaba la cara. Lydia desde su esquina pensó, está en el grupo pero no está en el grupo.
Hacía un par de meses que no veía a sus amigos tocar y había nueva incorporación. Como cada vez, fue una fiesta. Daba igual que no los viera en meses o la noche anterior, tantas cosas vividas juntos, tanta complicidad daban para ponerse al día con unas risas en el momento justo.
Dani , sin embargo, era otra cosa, era esencialmente serio. Cuando Lydia se cansaba de reír iba donde Tono y hablaban de blues.
Cuatro coincidencias fueron suficientes para que Dani citara a Lydia en un bar, cerca del cine. Ella llegó primero y pidió una copa de vino blanco, él la sorprendió por detrás y se sentó en el taburete frente a ella. Dani tenía una mirada, como decirlo, muerta, grave y penetrante a la vez. A lydia le intimidaba y miró hacia la tv, había una corrida de toros, empezó a centrarse en el toreo, y a hablar atropelladamente sobre el pase, la distancia , la figura que hacía el torero al girar con el capote, le ponía muy nerviosa. Al fin se metieron a ver una película de arte y ensayo. La peli supuso el derrumbe de toda tensión. Entonces a la salida y con el whiski empezaron a hablar y no pararon. De muchas cosas, de cine, de literatura, del significado y naturaleza de la intuición, de música, de  trucos de magia. Lydia estaba impactada y perdida. El reía poco y o hablaba sin parar o enmudecía. A veces tenía chispas en los ojos, a veces seguían siendo ojos muertos y penetrantes.
En realidad cuando la acompañó a casa Lydia no sabía si volvería a verle. Ella no estaba segura de llamarle. Estaba perdida.
Llamó él, tardó 4 días: te invito a cenar a casa, cocino yo, no traigas nada, ven tú solo.
Lydia le puso un lazo a una botella de vino y cuando entró vió carteles de ferias de corridas. Ni lo mentó, ni le gustaban los toros ni entendía. La noche fue perfecta salvo en el momento de la separación . Era muy raro, ella era Janis Joplin y él un punk-rock, por su rabia.
4 citas y no querían separarse. Un día el descubrió una papelina en el bolso de Lydia y le dijo "eso es una mierda" mientras apuraba su botella de tequila. Creo que la gracia estaba en que no se parecían y sin embargo se admiraban, y se atraían y se complementaban. Se separaban de los demás, viajaban en coche los fines de semana, cuando no tocaba. Podían pasarse horas apoyados en la barandilla del balcón mirando el horizonte o mirándose con extrañeza, siempre hubo extrañeza. Dani le enseñó a Lydia lo que era el cine, la poesía y la rabia. Lydia le hacía sentirse vivo y le transmitía la sensibilidad y emoción que no tenía pero que iba adquiriendo en forma de sonrisa cada vez más frecuente.
Hubo un día crítico de accidente casi mortal, después de un año y medio juntos, y tres grupos diferentes. El día que el habló de matrimonio. El concepto matrimonio de los dos era completamente diferente. Lydia lo sabía y por eso nunca lo nombró, y esperaba y deseaba que él lo intuyera (intuir , uno de los primeros conceptos de los que hablaron) pero habló de matrimonio.
Es momento de vaciarse y volver a empezar pensó ella. Le escribió una carta que él nunca abrió, no le devolvió su diario, no le contestó las llamadas, no le abrió las puertas ,dejó que siguiera tocando la guitarra como si boxeara.

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