Sabía que estaba culminando su mayor idiotez.
Lydia dejó que su vida real, la mejor de todas, se le escapara por la ventana cuando la abrió para echarse a volar.
Quiso ser pérfida por una vez y luego se arrepintió, pero no encontró el camino a casa. Durmió en la estación.
Te estuve buscando lloró su gran amor, su único amor.
Lydia avergonzada, despeinada y desalmada no supo quererlo entonces, sólo oía la voz de la culpa retumbando a su alrededor.
Su salvador, su amigo, su alegría, su pasión, ya era una nube enmarañada que guardó en el bolsillo, de cuando se fue al cielo.
No le quería, pero fue transitorio, locura quizá, porque siempre lo quiso.
Lydia con 30 años solo fue feliz con el chico que tenía un ritmo especial.
Su corazón con forma de herradura y rojo sangre atraía más que nunca a los jugadores de póker, que le acariciaban cuando dormía o le regalaban desconocidos placeres, pero, en realidad, ella sólo quiso a ese chico de movimiento peculiar.Ése que todavía ve cada vez que le llama o la llama. Aún se miraron de reojo en sus bodas respectivas, y continuaron cuando jugaban juntas sus hijas, cuando ella tuvo que cuidarle cuando estuvo enfermo....
Todavía sigue debiéndole una canción de amor
Aunque quizá no lo haga nunca jamás
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