viernes, 13 de mayo de 2011

Hi-lo

Las cosas eran divertidas pero todo iba a peor imperceptiblemente.
Lydia había pasado años curioseando por vidas ajenas, rara vez se posicionaba , era verdadera hambre de saber. Se preguntaba, será esto vivir? Cuando veía alguien que pudiera aportarle algo, allá que iba con su facilidad de trato a que le contara y te vienes a...? claro!!! Un día aparecían en una fiesta de lujo, otro sentados en la acera. Pero no estaba segura si eso era vivir, notaba como que le faltaba algo, junto con el aire. Todo cansa, pensaba, menos lo que no sabes. Había un callejón oscuro en el centro de la ciudad y una lechería antigua. Por ahí se reunían unos chicos y muy pocas chicas. De vez en cuando se acercaba Lydia con su amiga monix con la que siempre se reía, cuánto se reía! Habían punkis, skins, mods, con sus cervecitas, sus pastillitas y hablaban de música y de peleas, hablaban todos menos Lydia que escuchaba, aunque de vez en cuando tenía que contestar, no le importaba en absoluto hacerlo, se encontraba a gusto, era un mundo nuevo para ella que ya tenía 21 años. Los mods eran los más graciosos, de lejos. Los punks eran los quejicas y los skins los locos amargados, aunque ella no se lo decía, se hubiera atrevido pero qué más daba? Todos muy modernos, en su estilo, excepto unos pocos que parecían salidos de una revista underground. Uno con pantalones de franela y el pelo un poco largo (Ben), al que le gustaba el jazz y se parecía a Bob Dylan. Otro loco con los ojos pintados y saltando y chillando, anfetas yo? yo soy una pura anfeta tío. Otro que se reía con una risilla cínica, jijijiji, se quedó colgado de un tripi y no sabía disimularlo. y el que le gustaba a Monix un pijo que no paraba de hacerse porros. Lydia seguía llevando tacones y trajes de otros países, a veces faldas de latex, a veces vestidos negros de los años 50. Y coooooooooooomo pasaban las horas sin darse uno ni cuenta. Los fines de semana eran especiales, unos se iban a pegarse con no sé quien, y a Lydia siempre le apetecía ir a casa de Ben y su banda. Le hacía gracia Ben, siempre mirando como si perdonara la vida a todos y cuando alguien iba a quejársele de algo él contestaba invariablemente "la vida es dura" con la sonrisa torcida y cambiaba el disco de jazz, poco más se sabía de Ben. Nadie le vió nunca con una chica o chico, ni tomando nada, era como si su sola existencia bastara. Lydia se moría, no por él, por saber quién era él. Una tarde de verano de sus todavía 21 y casi 22 años, Ben le dijo: te voy a presentar a un tipo, es amigo mío, bueno todo lo amigo mío que se puede ser.  Lydia te presento a Hi-lo, Hi-lo te presento a Lydia. No sé que tipo de cortocircuito hubo ahí, pero desapareció todo lo demás. Hi sólo dijo Uffffffff! y Lydia no pudo hablar. Hi era como Lou Reed pero con los ojos verdes y zapatillas de deportes. Pasaron días de buscarse con las miradas pero sin hablar, él no siempre estaba y a Lydia le sobraba todo lo demás. Una noche, la noche, Hi le cogió de la mano y la llevó a la habitación del colchón en el suelo, pero Lydia temblaba. Qué te pasa preciosa? Tengo miedo. Por qué? No voy a hacer nada que tu no quieras. Es que nunca he estado con nadie (en cierto modo así era). Nunca? cuántos años tienes? Oh! déjalo! No, no, no, no. Quieres quitarte la ropa, o quieres que lo haga yo? pararé cuando me digas. Se quedó sin ropa y temblando y el dijo: no está todo. Si no llevo nada. quitate tu anillo y tus pendientes. No, eso no lo haré. Eres muy rara. Soy muy rara. Pero Lydia esa noche supo que era vivir a una edad tardía para la media de la época,  aunque con pendientes y anillo. Y hi dijo Ufffffffffff

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