martes, 25 de diciembre de 2012

Cuento de Navidad

Esta mañana me desperté cuando aún la niebla lo escondía todo . Tenía el puño apretado y cerrado, allí estaba mi amatista, esa que me había hecho volver a soñar. Me encontraba un poco rara, tanta comida y bebida de navidad, me habían dejado excesivo azúcar y arghhhh necesitaba soltar lastre, no soporto mucho el dulce, me empalaga.
Pues voy a leer un relato de Él, seguro que me balancea un poco hasta equilibrarme.
Ahí va, pues, mi interpretación de mi cuento de navidad.
Había llovido toda la noche y el terreno tras la verja lucía por la mañana verde, salvo aquel montículo marrón lleno de hormigas laboriosas reconstruyendo los daños de la tormenta.
Los dos niños habían intentado masacrar el hormiguero  hacía una semana y creyendo haberlo terminado con éxito construyeron un pequeño montículo de cemento, como monumento a sus muertos.
W.  salía con su habitual cara fruncida debido a las migrañas, T. no sabía que un niño pudiera tener migrañas hasta que lo conoció a él, le robaba aspirinas a su madre para que W las chupara sin cesar, y es que, el padre de W era una bestia,  y eso al chico le producía las migrañas, portaba además los brazos llenos de moratones como manchas de plátano pasado.
T.  pensaba en que quizá había tenido suerte al no haber conocido a su padre, en vez de tener al padre de W, su madre tenía sus cosas también, pero no era ni punto de comparación .  W tenía mal humor y le hablaba a su vecino con desdén, él se quejaba a su madre, decía que no lo soportaba cuando se ponía así, que iba a dejar de ser su amigo, y ella le comentaba, cuando te trate así finge que eres su amigo, no sabes por lo que tiene que pasar ese pobre chico.  A su madre le encantaban los juegos de fingir. Leía relatos de psicópatas y luego quería que su hijo fingiera serlo. Hoy vamos a hacer que tú eres éste. El aprendía bien, cada vez fingía mejor y le hacía sentir miedo a su madre. Daba la impresión que a su madre lo que más le gustaba era la sensación del miedo y esas píldoras negras que le daba su tía.
Estas hormigas se están riendo de nosotros, le decía W. Has traído las cerillas?
Sacó una botella de lejía que tenía escondida tras unos arbustos y mirando hacia su casa dijo empecemos.Metieron un palo dentro de  la botella y la encendieron,  las gotas de la lejía y el plástico fundido caían sobre la casa de las hormigas masacrándolas.
El caso es que no se ponían de acuerdo en lo que estaban haciendo. T quería simular que estaban acabando con el ejército del vietcong, había pasado todo el verano viendo reportajes de la guerra y soñaba con ella, pero W no estaba de acuerdo para nada. Son gigantes, pero gigantes peligrosos para el mundo. Y entonces… nosotros qué somos, que podemos con los gigantes? Marines? Dios santo T.! somos dioses. Y el humo? Podemos decir que el humo es radiación letal? No eres tan tonto T.
En ese momento salió la hermana de W. salió: Papá tiene a mamá acorralada en el sótano, esta vez va a matarla. Igual nos mata a todos. Vale, quizá estaríamos mejor…
Eh, capullo! Le dijo a T. no estarás pasando el límite, verdad? Dijo la chica mirándole los pies, y cuando comprobó que no, se fue dando una voltereta en el aire que dejó entrever  la raja bajo las bragas, para un chico de 9 años era un poco mayor, puesto que tenía 12. T quería follársela, aunque no sabía muy bien que era eso, sólo sabía que su madre lo hacía mucho según decían los niños en el autobús.
De repente dentro de la casa sonó una estampida y un grito. La niña salió corriendo hacia fuera, y W dijo, acaba tú, tengo que ir allá dentro. T, acojonado y con la boca pequeña dijo, si puedo ayudar en algo….No. Dijo W, me las apañaré. Somos Dioses, recuerdas?
Todas las hormigas estaban muertas, W se las había cargado a todas.
Esa noche, la madre de T. le dijo, Bien, hoy quién quieres ser?
T. Sólo quiero ser T.
Una interpretación del relato Gigantomaquia del libro Knockemstiff de Donald Ray Pollock.
Vidas reales y vidas fingidas. No siempre soñar es de azúcar.

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