Contémplame con mi jubón y mi gorro emplumado,
pavoneándome por este escenario que los hombres llaman vida:
espejo de toda juventud y esperanza y esfuerzo.
Hasta tú, en mí, te conviertes en un rictus.
Sí, que en ese credo tampocoeres tú sino un mortal,
pensando que la paz y la quietud y el silencio
no son más que las sombras de tus pequeños gestos
sobre el muro de aliento que está en torno a ti.
!Eh, viejo espectro, solemnemente nervado de sabiduría!
¿Acaso crees que debo sentir tus oscuros impulsos
y desvanecerme con reyes y reinas en la oscuridad sibilante?
Yo soy estrella, y sol, y luna, y risa.
¿Qué estrella cae sin que nadie la mire?
¿Qué sol hay más permanente que la oscuridad?
¿Qué luna hay que no se agriete?¿Qué risa, sí,
qué bolsa hay que no se agote con el gasto?
Eh...Uno se cansa, adoptando poses y gesticulando,
!remedando un sueño ante una casa de pobladas sombras!
Ah, fuiste tú quien me desnudó del todo y me puso
a farfullar frente a mi propio rostro en un espejo.
Sí, soy yo quien, en la clara tarde del mundo,
con una estrella de plata como una rosa en un vaso de laca,
cuando tu juego hayas jugado y por fin estés en silencio,
te esperará con el sueño, y podrá ahogarte.
William Faulkner
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